Hay muchos tipos de monstruos. Los de las historias de miedo. Los tipos malos. Y también están los monstruos internos. Los que empiezan siendo diminutos, microscópicos pero van creciendo poco a poco, en silencio. Hasta que llega un momento que el monstruo está pegado a nosotros como una sombra que te persigue y siempre está ahí al acecho.
Cuando te hacen daño no es solo el dolor que sientes en ese momento, si no las cicatrices. Pasa el tiempo y crees que estás bien hasta que algo hace clic y hace que reaparezcan los monstruos, eso que te embruja y hace un hechizo para imbocar los demonios.
A veces el peor enemigo de alguien puede ser uno mismo.
El amor duele... y mucho. Pero cuando te han mentido, cuando sientes que todo fue una mentira... el dolor es indescriptible. El dudar de todo, el sentirte tan tonta, como si hubieras vivido un cuento que solo viviste tu, como si se hubieran reido de ti y de tus sentimientos y te hubieran arrancado el corazón para pisotearlo. Como es posible que a pesar del daño, de saber que no te conviene que, aún sabiendo que no quieres volver a verle, ni saber de él porque duele demasiado, puedes seguir queriendo y necesitando una mentira? Y sientes como si fuera imposible que vuelvas a confiar en nadie más, que el amor no existe, que es solo un mito, una leyenda. Lo peor, todo ese amor que queda, que si que sentiste porque si que amaste de verdad, que haces con ese amor? "Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar. Dime, mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes tú adónde va? "
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